Rita Indiana se lee con merengue

Rita Indiana es tan alta como yo y creo que si hubiéramos nacido en la misma época y en el mismo barrio hubiéramos sido de las amigas cogidas de gancho a las que todo el mundo les pregunta ¿por qué son tan altas? como si serlo fuese una maldición. A ella le oí un par de canciones pegajosas antes de quedarme inmersa en sus páginas y de constatar que el Caribe moderno también tiene su bailao en la literatura actual. Ahora, la entrevisto.

La que primero se dio a conocer en la música disfrazándose de cantante popular dejó su fama para concentrarse en la escritura. “Nombre y Animales”(Periférica), mi recomendada de hoy, es una novela sobre una adolescente que, al igual que Rita a los 14 años, trabaja en la veterinaria de su tío, donde también lo hace un joven haitiano llamado Radamés. Entre ellos se forja una amistad cómplice, aun sabiendo que la relación entre dominicanos y haitianos es juzgada por las familias blancas y acomodadas. Una historia que en medio de la cotidianidad revela lo fuerte que es el racismo en Latinoamérica y lo hipócritas que llegamos a ser.

Tips para cuando la lean:
> Hagan el hermoso ejercicio de escuchar en simultáneo las canciones que se mencionan.
> Escriban en una libreta todos los nombres que aparecen. Les servirán cuando necesiten nombrar a una mascota, especialmente gatos.

¿En qué momento el spanglish, del que usted es una digna embajadora, se coló en la literatura?
En la literatura en general, como todo lo que está vivo, el spanglish se coló tan pronto apareció. Era un herramienta de resistencia para los poetas del Nuyorican Poets Café en Nueva York en los 70’s que escribían en inglés y en la narrativa chicana desde el siglo XIX. En mi trabajo se da el camino opuesto, escribo en español, pero utilizo un inglés a veces roto, el que usan los inmigrantes que regresan o los sanki pankis (chicos que se prostituyen con extranjeras) porque estas sonoridades enriquecen el texto y porque la gente que nutre mis personajes habla de esta forma.

¿Qué le ha dado a su narrativa el hecho de ser dominicana?
Creo que todo escritor es producto de su experiencia específica. En mi caso vengo de una isla compartida en la que han ocurrido cosas insólitas, como las que se narran en “El reino de este mundo” de Carpentier y “La fiesta del Chivo” de Vargas Llosa. Por otra parte es también un país sin una industria editorial relevante, con muy pocos lectores y con una novelística hasta hace poco afanada en repetir los mismos cuentos de la dictadura y el campo.

¿Cuál es su apreciación sobre la industria editorial en Latinoamérica?
Soy muy optimista, creo que ahora la gente lee más que antes y que estamos más conectados que antes. Argentina para un dominicano en los 70’s era el fin del mundo, ahora está a un click de distancia. El problema para las editoriales independientes sigue siendo el mismo, la distribución.

¿Por qué se fue tanto de Santo Domingo como de los escenarios musicales?
Me fui de ambos buscando el anonimato. En Santo Domingo ya no podía salir a la calle y la tarima no me gusta para nada. Ese culto a la personalidad tan intenso que recibe el cantante enloquece.

“Nombres y animales” cierra la trilogía de sus novelas “La estrategia de Chocueca” y “Papi”. Allí también defiende al haitiano con el personaje de Radamés. ¿Por qué esa lucha en particular dentro de sus páginas?
Mis personajes nacen de una necesidad muy íntima de proyectar mis conflictos no resueltos. En “Nombres y Animales” yo quería abordar esos prejuicios que tuve de niña y de adolescente y que me fueron inculcados. Mirarlos de cerca para que otros puedan quizás también mirarse a sí mismos.

Igualmente en el libro se mencionan varias de las canciones que definen la época de los 90s. ¿Qué tan importante es la musicalidad cuando escribe?
En nuestra época la música está presente las 24 horas del día, consumimos música casi todo el tiempo. Para mi es algo tan natural citar la canción que se escucha en el fondo de una escena como para el costumbrista narrar el paisaje del ingenio azucarero.

¿Dónde está la frontera entre literatura y la música? ¿La hay?
La frontera para mí es la forma en que se consume, la música popular se vende mucho mejor que la literatura popular, por ejemplo. Y además la música es de todas las artes la que más se impone, sale de cualquier parte (en la calle, de la casa del vecino, del celular del que va contigo en la guagua)  y se te mete dentro. Para mí la música siempre ha sido otra forma de contar historias.

¿Cree que el merengue puede ser un género oscuro? No tan alegre y fiestero…
Sí, de hecho, hay toda una serie de merengues que se escribieron para homenajear a Rafael Leonidas Trujillo durante su dictadura que se escuchan ahora y paran lo pelos. Trujillo fue el más poderoso promotor del merengue (que utilizó para su primera campaña) así que de alguna forma el género tiene un pasado un tanto siniestro. Pero lo siniestro no quita lo bailable. Ese podría ser el lema de mi trabajo, jaja. Acá te dejo una cita de un merengue clásico, “Dolorita”

“Dolorita, si mis ojos te dan pena
Dolorita, me los mandaré a sacar
Dolorita, después de las cuencas hondas
Dolorita, más pena te deben dar”

Un libro que le sepa a eso, a merengue.
“PAPI”.

Hasta el momento Rita Indiana ha publicado cuatro novelas.”La estrategia de Chochueca” (2000), “Papi” (2011), “Nombres y Animales” (2013) y “La mucama de Omicunlé” (2015). Todas disponibles en librerías colombianas.

*** Una versión mucho más corta de esta entrevista la publiqué en la revista Fucsia. 

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