2005: La revolución será “youtubizada”

CRÉDITO: BUALÁ (PARA SHOCK.CO)
CRÉDITO: BUALÁ (PARA SHOCK.CO)

El mismo día en que los enamorados se estaban regalando chocolates, flores y cartas cursis, tres ex empleados de una empresa de pagos en sitios web creaban la versión futurística de lo que había sido MTV: YouTube. El lío que ellos encontraron al querer compartir unos videos de una fiesta en San Francisco los hizo dar rienda suelta a una idea que tuvo como primer video a un niño visitando los elefantes de un zoológico y que ahora determina quién es o no anónimo según el número de reproducciones. Con la llegada de YouTube no había que esperar horas por el videoclip de la nueva banda del momento, The Killers, ni cruzar los dedos para que “Boulevard of Broken Dreams” de Green Day siguiera en el top 10. Cualquier contenido era instantáneo.Un click, cero comerciales. Muerte a MySpace.

Fue la dupla de marca (Nike) más futbolista (Ronaldinho) el origen de que los billetes verdes de grandes compañías se invirtieran en el portal y Google pusiera sus garras sobre él para que la frase “millones de usuarios lo han visto” o –años más tarde- “es un video viral” fuese posible. Imagine hoy su vida sin que un tutorial de YouTube le enseñe a rizarse el pelo, a cortarle las uñas al gato o a aconsejarle las mejores formaciones que lo conviertan en el rey de las versiones del juego de la FIFA. No existirían Justin Bieber ni La Tigresa del Oriente. No podríamos repetir el pequeño accidente de Janet Jackson en el Super Bowl y la campaña de Barack Obama hubiera sido muy diferente. No sabríamos qué es el Harlem Shake y desconoceríamos la cara del gordito que sincronizaba sus labios con la canción “Dragostea din tei”.

Si bien a YouTube lo vemos como la Meca de la comedia, la música y la idolatría, tomar conciencia sobre la importancia de los videos grabados del celular cuando los medios de comunicación no podían estar en el lugar de los hechos supuso otro significado luego del tsunami de Indonesia ocurrido en diciembre de 2004. Compartir lo sería todo. La naturaleza apenas hacía su debut frente a las cámaras de los usuarios y los cientos de activistas ya estaban usando el video online como vía de su mensaje.

El 2005 fue uno de esos años que el mundo quisiera borrar. George W. Bush era el presidente de Estados Unidos; Álvaro Uribe, el de Colombia. En un lado la controversia se generaba por la guerra en Irak; en el otro, por la masacre de Apartadó. Familias enteras lloraban las muertes, incluida la de Juan Pablo II, en medio de un TLC que prometía ser la solución a nuestros problemas (ya hay en cada esquina un Subway y todavía no nos sentimos mejor).  Catalina Sandino, a quien creíamos nuestra, había sido nominada a mejor actriz en los Premios Oscar y el mano a mano de Uribe con Chávez se apoderaba de los canales nacionales. Teníamos mucho de qué hablar pero la palabra huracán opacaría cualquier cosa que no estuviera en su zona.

Diez años después cuando usted escribe “huracán” en el buscador de Google, la primera opción que le sigue es el nombre Katrina, y Katrina a su vez sigue siendo el mayor demonio de la segunda administración del gobierno Bush. Es como si fuera una ecuación: Katrina + New Orleans = Bush + abucheos. Al ser más mortífero que el propio Chuck Norris y más costoso que un episodio de Game of Thrones, Katrina sembró el desespero entre quienes observaban la magnitud de su fuerza en los videos que conquistaban YouTube y los damnificados. La emergencia se salió de las manos. Hacinamiento, poca luz, escasez de alimentos, saqueos, disparos, anarquía…Katrinagate, como lo acuñaron los mismos gringos.

La crisis ambiental llenaba la agenda pública. En Colombia se atravesaba una temporada de lluvias y en el Atlántico una oleada de huracanes era la más activa de la historia. Katrina había sido el hermano mayor de un montón de ciclones dispuestos a arrasar lo que tuvieran en frente y la ayuda tanto de las ONG como de los ciudadanos comenzaba a hacer la diferencia. En el 2005 se discutía cómo las acciones a pequeña escala generaban grandes transformaciones y por eso nacería un emisario de la conciencia ambiental que ganaría el Nobel de Paz. Se trataba de Al Gore, quien fuera el vicepresidente de Bill Clinton y tras perder las elecciones presidenciales contra Bush sería el profesor número uno del cambio climático. Que en este momento exista una revolución alimenticia que prefiere los mercados saludables y productos artesanales es consecuencia de reflexiones en torno al planeta. Entre más consciente, más cool.

Los músicos abanderaron otra lucha. Como el 2005 cargaba con un mensaje que prefería la acción por encima de las palabras, el cantante y activista irlandés Bob Geldof convocó a varios artistas con el fin de realizar una serie simultánea de conciertos en distintas ciudades que ayudaran a combatir la pobreza. El megaconcierto se conoció como Live 8 y más allá de recaudar dinero lo que pretendían era, una vez más, que los duros de los países del G-8 fueran conscientes de la pobreza de otros, especialmente la de África. A la causa se sumaron Elton Jhon, Coldplay, Mariah Carey, U2, Paul McCartney, Madonna, Björk, Robbie Williams, Shakira, The Cure, Kanye West y un amplio catálogo de bandas y solistas que creyeron que juntos podían construir un futuro mejor y más equitativo. La música se acercaba a los líderes mundiales para pedirles justicia, no caridad, y Pink Floyd volvería a tocar con sus cuatro integrantes originales en un mismo escenario luego de más de dos décadas separados. El mayor espectáculo del mundo. ¿No se acuerda? Puede verlo en YouTube.

*** Este texto lo publiqué originalmente en el especial Shock 20+1 de la revista Shock 

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