1999: El girl power se devoró todo

1999
Crédito: Bualá (para Shock.co)

Antes de que Britney enloqueciera, se rapara la cabeza para homenajear a una tía que había muerto de cáncer y volviera la frase “It’s Britney, bitch” una de sus más célebres expresiones, era una adolescente que acababa de lanzar su primer sencillo “…Baby One More Time”. El pop femenino venía siendo gobernado por Madonna desde los 80 y el fin del milenio le estaba dando la bienvenida a las boy bands, nacidas como respuesta a las inglesitas y pegajosas Spice Girls. Estados Unidos veía cómo en Inglaterra una niña llamada Billie –rubia, skinny, de 16 años– hacía bailar a la mitad del país con letras que identificaban al público teen y creó la competencia.¿Billie? Dos hits radiales y una carrera de actriz promedio. ¿Britney? La princesita del pop (y el tío Sam haciendo de las suyas).

Que el fenómeno Spears surgiera en el 99 le dio a las siguientes décadas una ola de artistas que encarnan el ideal de mujer de las adolescentes. A la par de Britney, emergió Christina Aguilera con un carácter sexual más marcado, que acentuaba con ombligueras pegadas, maquillaje oscuro alrededor de los ojos, y un sencillo en inglés y en español que hablaba de las ganas de tirar y el miedo que daba entregarse si primero no se juraban amor. Era el año en que se decidía entre ser la novia de colegio y colitas con aire travieso o la chica de playa que deseaba un ejército de hombres detrás suyo. Era el año del versus entre “hit me baby one more time” y “mi cuerpo dice quiero / pero mi alma tiene miedo”. Era Britney o Christina. Un solo bando. La era teen pop.

El reinado de las nuevas popstars provocó no solo que aparecieran cantantes del mismo corte sin tanto éxito como Jessica Simpson y Mandy Moore sino que en paralelo brotaran las niñas malas del género, que además escribían canciones de amor pero le hacían pistola a la cámara, montaban patineta y detestaban los tacones. Un grito quinceañero para luchar contra el estereotipo liderado por la punkera rosa Avril Lavigne y una Pink que en una de sus canciones exclamaba “LA me dijo / vas a ser una estrella del pop / todo lo que tienes que cambiar es todo lo que eres / cansada de ser comparada con la maldita Britney Spears / ella es tan bonita / esa ni siquiera soy yo”.

Britney Spears tuvo que llegar a la industria para que hoy el pop, en sus variadas vertientes, conociera a Lana del Rey, Katy Perry, Sia, Lily Allen, Gwen Stefani, Taylor Swift, Miley Cyrus y un largo etcétera de mujeres que han hecho real el término girl power, establecido en la música por las Spice Girls y trasladado a otras esferas por la tercera ola del feminismo y el movimiento Riot grrrl, que circulaba dentro de la filosofía del do-it-yourself (hazlo tú mismo). Ya no se trata de un prototipo único de mujer sino del empoderamiento que ella hace desde la diferencia y la diversión a través de una actitud autosuficiente donde manifiesta su ambición, es asertiva e individualista, incluso siendo niña o adolescente. Un concepto que se coló tanto en la cultura de masas, hasta el punto que Cartoon Network desarrolló The Powerpuff Girls (Las chicas superpoderosas), una serie animada en la que tres niñas –Bombón, Burbuja y Bellota- salvaban al mundo.

El 99 también fue el año en el que las mujeres arrasaron en los Premios Grammy. Si bien por un lado se estaba viviendo esta explosión adolescente, que reconocía a quienes estaban entre los 10 y los 20 años como un grupo consumidor; por el otro, las grandes estrellas femeninas estaban diciendo “estoy aquí y aquí me quedo”. Cher lanzaba el disco discotequero “Believe”, cuya tendencia era mezclar el pop con el dance y los sonidos electrónicos; Madonna recibía cuatro estatuillas por “Ray of Light”; Celine Dion era premiada por su tema “My heart will go on” (inmortalizado en la banda sonora de “Titanic”), Shania Twain por “You’re still the one” y Lauryn Hill, ex integrante de los Fugees, ganaba cinco Grammy, incluyendo Álbum del año y Mejor nuevo artista.

¿Dónde estaban los hombres? Siendo lo más femeninos posible, en boy bands como Backstreetboys y ‘NSync, y exponiendo sus sentimientos en los álbumes “Millennium” y “*NSYNC”. Un triunfo doble.

El cine tampoco se quedó atrás con la onda girl power. El boom de las películas de terror made in Hollywood hizo que las actrices de tinte virginal invadieran las historias en las que quedarse encerrado en el clóset, levantar el teléfono o ser el único que estuviera en una casa eran el guiño-guiño de los asesinos en serie. ¿Quién no se acuerda que esa era la época en que Sarah Michelle Gellar y Jennifer Love Hewitt obligaron a comprar el VHS de “Sé lo que hicieron el verano pasado” y “Todavía sé lo que hicieron el verano pasado” mientras estaba la moda de los piercings y las niñas lucían sus caimanes con escarcha? La desconocida Julia Stiles, por su parte, enseñaba a recitar un poema acerca de lo que no le gustaba sobre su traga en “10 cosas que odio de ti” y Angelina Jolie con Winona Ryder reinterpretaban las experiencias de un hospital psiquiátrico en “Inocencia interrumpida”.

En Colombia las cosas eran parecidas. Mientras se lloraba la muerte del comediante Jaime Garzón y la gente alzaba sus rezos por el terremoto de Armenia (también por las terribles negociaciones de Mr. Pastrana en San Vicente del Caguán), en la televisión se acababa de estrenar una telenovela que luego sería la más exitosa de todos los tiempos y que llevarían por varios países para demostrar que aparte de café, rosas y perico, éramos Beatriz Pinzón Solano. “Yo soy Betty, la fea” ponía en la pantalla chica a una mujer más inteligente que linda a liderar el rating del momento y a cuestionar los valores de los colombianos entorno a la belleza, el talento y la justicia.

Lo mismo ocurría con la aparición de la actriz Carla Giraldo, de 13 años. La novela Me llaman Lolita, que protagonizaba junto al galán de galanes, Marcelo Cezán, planteaba la premisa de que una adolescente se enamoraba de un hombre mayor y la ponía en situaciones poco inocentes. Quizá esa revolución femenina que se estaba gestando ya no pertenecía a una edad sino que se filtraba desde temprano con íconos que antes era imposible crear por tabúes. No era Estados Unidos. No era Colombia. Ni la música o el cine. El girl power en el 99 ya existía como dogma gracias a las Spice Girls, quienes para entonces se estaban diciendo adiós pero se iban habiéndole dado voz a un género milenariamente relegado.

*** Este texto lo publiqué originalmente en el especial Shock 20+1 de la revista Shock 

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