Una Nina Simone en cada mujer

Nina SimoneCon Netflix siempre se juega a la ruleta rusa. Puede encontrar series del nivel de House of Cards o ahogarse con películas que sólo pondría en el trayecto Bogotá – Girardot. Recientemente, subieron a la plataforma un documental sobre la vida de Nina Simone, la reina del soul y una abanderada del movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos. El exhaustivo trabajo de archivo realizado por la directora, Liz Garbus, y secundado por testimonios de su familia y amigos cercanos retratan una mujer tan talentosa como desequilibrada, tan maternal como violenta. ¿Qué le ocurrió a Miss Simone? No comprendió su naturaleza, se dejó vencer por los parámetros que dicta la masculinidad: no sentir en extremo.

A las mujeres nos han tratado de encasillar en cientos de términos despectivos por décadas. La locura ha sido la manera de justificarnos ante una sociedad que está basada en el deber ser y donde lo femenino se encuentra todavía coartado. Le pasó a Virginia Woolf cuando estaba marcando un quiebre en la literatura moderna, le pasó a Sylvia Plath cuando escribía sus poemas confesionales, le pasó a Britney Spears tras quedar embarazada y le pasó a Nina Simone luego de que su voz fuera himno de una generación segregada. El diagnóstico de todas ellas: trastorno bipolar + depresión.

Seguramente usted ya ha normalizado la idea de combatir ese problema con medicamentos. Antes de los años 50, era una utopía. Ahora, las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de ser recetadas con psicotrópicos y de que se les incluya como si fueran algo de rutina. Levantarse, bañarse, desayunar, antidepresivos, antiansiolíticos, tabletas para dormir.Un loop enfermizo y adictivo, en el que actúa más la pastilla que el yo. La nueva era del adiestramiento.

Nina Simone vivió ese antes y después. Aunque no tuvo el destino de Virginia Woolf o Sylvia Plath (el suicidio), adormeció parte de su espíritu vibrante y contestatario al aceptar medicarse mientras estaba buscando su propia construcción de mujer y artista, y salía de una relación de amor-odio con quien había sido su mánager y esposo, Andrew Stroud. “Tomar pastillas para dormir y pastillas amarillas para subir al escenario”, escribió en su diario.

El fuerte temperamento de Nina y su autoestima mermaban con la dosis. Ya no era ella. Era alguien que medicaba sus emociones. Era lo que los otros querían que fuera. Era la heroína de la libertad pero estaba presa en los fármacos. Era mujer. “No puedo ser blanca, y soy el tipo de mujer de color que tiene todo lo que los blancos odian o que les enseñaron a odiar. Si fuera un hombre no importaría tanto, pero soy mujer y frente a un público estoy abierta todo el tiempo para que se burlen, me aprueben o me desaprueben”. 

***Recomiendo esta lectura del New York Times. La psiquiatra Julie Holland, autora del libro “Moody Bitches”, contextualiza por qué hay un aumento de las prescripciones de antidepresivos para las mujeres, a quienes se les suprime su naturaleza por esa idea tan cavernícola de que llorar nos hace más frágiles, y explica por qué la sobremedicación hace que nuestras emociones se vuelvan sintéticas.

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